Barrio chino barcelona prostitutas instagram de prostitutas

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Esta era una esclava de oro y pesaba una barbaridad. Cincuenta kilos de oro tuve yo. Pero ya no los tiene. Ha tenido que venderlos a medida que pasaban los años. Lo que no ha perdido es su coquetería:.

Y es tan cierto que dan ganas de decirle: Paquita ejerció la prostitución desde los 22 hasta los 66 años. Dice que si le saliese la oportunidad, igual se iba con un cliente. Pero hace años que esa oportunidad no se le presenta porque casi no sale de su casa.

Y ya es dinero. Y juntas paseamos por un barrio que casi no reconoce. En su callejero sentimental había una bodega donde ahora hay una tienda de alimentación. En el sitio de un bar de lesbianas ahora hay una tienda de móviles.

Otro bar, Les Fabes, es un colmado. La farmacia es de los pocos negocios que ha conseguido sobrevivir. De paseo por el barrio es cuando Paquita me habla de sus inicios. De cómo perdió la virginidad con un chico de Reus cuyo padre tenía caballos. Cuando salió del convento Paquita se dio de bruces con el desengaño: Por eso decidió marcharse a Barcelona, donde empezó a trabajar como criada a cambio de pesetas al mes.

Pero en aquella época pasaba mucha hambre:. Por la mañana, una pastita y un café con leche. A la hora de comer, ellos comían ensaladilla o sopa, que yo les cocinaba, y las chicas del servicio nos comíamos las sobras. Por la tarde, café con leche y otras pastitas.

Y por la noche, como ellos no tenían hambre, nosotras tampoco comíamos. Un día Paquita bajó a Las Ramblas, a un bar que se llamaba La cuadra, y allí encontró a una chica que también era criada, gallega, y le enseñó cómo se prostituían las mujeres en esa zona. Yo estaba muy nerviosa. Todavía recuerdo al chico. Me vio que era una cateta, una ignorante. Ahora los llaman chulos, antes eran macarras. Como en muchos meublés no permitían la entrada a menores, recurría a habitaciones furtivas.

Como aquella vez que tuvo que caminar hasta Montjuic desde Las Ramblas porque allí había un hotel donde no pedían documentación. A partir de entonces Paquita empezó a ganar dinero y a comer mucho mejor.

Podía comprarse buenos vestidos, arreglarse las uñas, sentarse a diario en la peluquería, ponerse pestañas postizas, incluso vestirse con abrigos caros. Combinaba sus abrigos con faldas, aunque nunca demasiado cortas, para evitar que la policía la detuviese. Eso sí, a lo que no renunciaba era a llevar un buen escote bajo el abrigo.

Llegaban con sus estuches de terciopelo cargado de oro y brillantes, anillos de piedras preciosas, pulseras, pendientes y gargantillas de alfombra roja que abrochadas a su cuello la hacían parecerse a Elizabeth Taylor. O así lo creía ella. Era el brillo de las señoras. A ver quién iba a atreverse en su baño de oro a verla como una cateta o una puta.

Y ya no abandonó el barrio. Así acabó conociendo a tanta gente. Ahora no —responde Paquita, quien acto seguido me explica quién es ese hombre—. Él trabajaba para Carmen de Mairena. Trabajaba cuatro horas y me daba veinte euros. Es que estamos como las putas en cuaresma. Yo cuando me rompí la cadera también tuve que vender, porque no llegaba a pagar la casa. Esas cositas valen para eso, para lucirlas y cuando va uno mal, venderlas.

Venga, me alegro mucho de verte, Paquita. Alternando en un bar fue como conoció a su marido, que tenía cinco bares en la calle d'En Robador. Él había desertado en la segunda guerra mundial, y luego volvió a su país. Me puso en la barra de uno de sus bares y trabajaba para él.

Así mi hijo podía estudiar. Yo no sé quién es el padre de mi hijo. Pero él se portó como un padre. En sus buenos tiempos, Paquita incluso podía pagar para que una chica se hiciera cargo de su hijo. Aunque ahora no guarda buena relación con él y llevan unos años sin saber nada el uno del otro. A la buena vida de Paquita también contribuyeron los americanos. Mientras, la ciudad se engalanó con banderas norteamericanas para atraer el dinero fresco que llevaban para gastar en las tiendas, en los bares y en las mujeres.

Entonces el Barrio Chino se llenó de los gorritos blancos de los marineros y pasó de ocupar cuatro calles a extenderse por el centro de la ciudad. Por todos lados se veían yanquis del brazo de prostitutas españolas que se besaban sin pudor, pese al recato de la época. El servicio de una prostituta, que costaba 15 pesetas, al americano se le cobraba a cinco dólares, que entonces eran pesetas.

A las mujeres que seguían a los marines de puerto en puerto alguien las empezó a llamar gaviotas. Paquita no era de esas, pero sí de las que los atendía solícita durante su estancia en Barcelona. Paquita incluso aprendió a hablar inglés. Ahora muchas no saben ni español, hostia puta —se queja. La llegada de los americanos también atraía a muchos policías, que extremaban las redadas. Pero las chicas se las ingeniaban para no perder el negocio:. Primero, tenía que asegurarme de que no hubiera moros en la costa.

Luego, tenía que indicarles que yo iba primera, delante de él, y me dirigía hacia el meublé. En esa época, si la policía te encontraba cogida de la mano, te arrestaba. La Maña sale de su letargo cuando ve a Paquita acercarse al bar Alegría. Se alegran de verse y se besan. Ambas arrastran la historia de un barrio que las acogió y que en la recta final las ha abandonado a su suerte.

Parecen estar esperando a que los hombres vuelvan para desempeñar lo que perdieron y regresar a lo que son. La Maña y Paquita trabajaron mucho juntas. Mi casa es pobre, pero tengo un techo, que hay compañeras mías que ni siquiera tienen donde dormir. Es de toda la vida, solo que cuido las cosas —dice Paquita—. Voy a comer al comedor social, pero la comida de ahí no me gusta nada.

Y si tengo dinero, bajo al bar a tomarme un cortado. Ahora les debo euros por los cortados. Ayer cerró el bar Alegría y me quedé en la cama.

A dónde iba a ir. Gracias a Dios, tenemos para vivir. En plan de pobres, ojo, pero tenemos la vida ya arreglada. Sin lujos, ni nada, pero arreglada. Ahora la Maña vive con su pensión de viudedad y los dos o tres clientes que tiene al mes, viejitos que llevan toda la vida pagando por sus favores.

El dinero ahorrado lo ha ido gastando en mantenerse desde que empezó a decaer el trabajo. Para llegar a final de mes, ha realquilado una habitación del piso que le compró Toni en el Ensanche, un barrio de la clase media-alta de Barcelona. Eso le hace sentir tranquila porque ahora tiene compañía por las noches: Un agente de la Guardia Urbana se nos acerca. Antes de que pueda abrir la boca, Paquita se adelanta. El agente asegura haberme reconocido y sentir curiosidad por saber qué hago allí.

Al ver que no hay peligro, Paquita se relaja. Paquita, igual que la Maña y la inmensa mayoría de las prostitutas, no cotizó nunca. Cuando llegó a la vejez, pudo pedir una pensión no contributiva y ahora cobra menos de euros al mes.

Una vez al mes quedan a merendar y hacen excursiones culturales por la ciudad. Y entonces nada las diferencia de cualquier otro grupo de mujeres ancianas. Le han puesto una multa por ofrecer servicios sexuales a menos de metros de una escuela, siguiendo la normativa de civismo del Ayuntamiento de Barcelona.

Paquita maldice a la policía entre dientes. Caminando por la calle Sant Pau con una amiga, en plena Semana Santa, un policía secreto las detuvo. Tuvieron que cambiar una cita con dos hombres suizos por una reclusión de quince días, sin derecho a ducha ni paseo, en la legendaria prisión Modelo de Barcelona. Cuatro mujeres encerradas en un cuartucho con cuatro catres en los que saltaban las chinches. La segunda vez, en Ríos Rosas, ya se había sacado la cartilla sanitaria, la tarjeta que acreditaba su estado de salud y que era obligatoria para las prostitutas, y por eso estuvo solo ocho días.

Después de eso tuve que ponerme a trabajar como una loca. No podía quedarme en la calle. Yo te tengo mucho cariño, que has trabajado conmigo —repite cogiendo de las manos a la Maña.

Al marcharse, Paquita deja tras de sí un puñado de prostitutas, mayoritariamente extranjeras, que siguen en la calle. A pocos metros se erigen la nueva filmoteca y un hotel de lujo desde cuya terraza circular se observa toda la ciudad hasta el mar. Desde la cristalera del bar Alegría ahora puede verse a un hombre subsahariano que se planta delante de una prostituta blanca de cuarenta y tantos.

Ella no le hace caso. Una mujer nigeriana que se suma al trabajo con zapatos de cuña blancos. Un hombre viejo que se acerca a una joven con la nuca rapada y con una coleta. Él le musita algo, ella le responde con desprecio mirando hacia otro lado.

Un grupo de mujeres rumanas que se hablan a gritos de una acera a la otra. Un hombre que se acerca a una mujer y mantienen la siguiente conversación:. Paquita me había hablado de los trabajos que hacía antes. Los hombres, me contaba, no pedían francés ni griego. Primero, porque no se llamaban así:.

Y yo siempre respondía: Unas lo hacían porque, si no, les pegaban. Pero yo nunca tuve que hacer eso. Veía a las pobres a las que les obligaban y me daban pena. De ese mismo edificio sale una mujer brasileña a punto de cumplir los 60, abuela tres veces, que se despide sin mucho interés de un cliente pidiéndole fuego para un cigarro. Tiene ganas de dejarlo.

Esta mujer ya ha ganado dinero para comprarse un terreno en Brasil y podría poner unas vacas, vivir tranquila, dedicarse a pasear. Paquita hace rato que ha regresado a su encierro entre figuras de porcelana. Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecer un mejor servicio. Para aceptar su uso pulse en el botón "Aceptar cookies".

Europa contra sí misma. En el texto que escribiste describiendo tus relaciones con los clientes había comentarios de gente que no se creía que todo fuera así de agradable. Choca mucho con la visión que ellos tienen de la vida y hay gente a la que eso le molesta.

Voy a citar un comentario de los muchos similares que te dejan: Hay tantas cosas mal en ese comentario Hago lo que quiero hacer, es como si dijera: Porque ahí nadie hace ese tipo de discurso. No lo vendo, es una herramienta. Han decidido que es una opción mejor que otras. Eso ya te genera relación. También por haberme acercado a asociaciones. Estar activa en redes sociales diciendo que soy puta también ayuda, aunque lo de estar en redes no es algo que necesite personalmente.

En el sentido de que antes era un trabajo oculto, considerado denigrante, y a raíz de figuras como Sasha Grey, Stoya , o aquí en España, Amarna Miller , se ve que son personas independientes, con inquietudes, que no se esconden.

He analizado mucho por qué el porno antes era algo horrible y ahora no lo es tanto. Es por figuras como ellas, por el trabajo que han hecho de visibilizar y profundizar en su persona: Soy todas estas cosas y elijo hacer porno porque me da la gana".

Creo que con la prostitución también puede pasar, porque las putas jóvenes empiezan a no querer tener una doble vida, quieren hablar en primera persona, no que hablen otros por ellas. También no tener prejuicios con el sexo, conocerte a ti misma y ser honesta contigo misma. Y sobre todo, tener una estrategia, tomar decisiones proactivas e inteligentes. Hay que tener un poco de mentalidad emprendedora. En tu blog contaste que el primer cliente fue muy bien.

Fue difícil antes de empezar, estaba en plan "puede pasar esto, puede pasar esto otro Puse el anuncio y me empezó a llamar muchísima gente. Sentía bastante inseguridad y pasaron días antes de empezar realmente a trabajar. Lo difícil fue superar mis miedos. Un eufemismo que se suele utilizar al hablar de prostitución es "vender su cuerpo". Porque todo el mundo trabaja con su cuerpo. Ahí nadie hace ese tipo de discurso. Mi cuerpo no son los genitales, mi cuerpo es toda yo, y uso mi cuerpo y mi cabeza en el trabajo como cualquier otra persona.

Un servicio íntimo con conexión sexual y humana. Dos personas iguales que quieren compartir un momento agradable sin presiones y sin culpa. Se produce un contexto de cercanía, teniendo claro que soy una persona, no una cosa para que te la folles.

El problema es que la gente que empieza a prostituirse lo hace de forma precipitada por estar en una situación de necesidad. Haces muchas referencias a que proporcionas "un espacio seguro". Esto no es "el cliente siempre tiene la razón". No, hago muchos filtros porque soy consciente de que no todas las personas que acuden a la prostitución tienen esta idea de las relaciones.

Hablemos del filtro de clientes. He notado que antes tenías en la web el teléfono y ahora lo has quitado. Que llevo dos años trabajando y me he dado cuenta de que me llama mucho idiota.

Tengo poca paciencia con cierto tipo de gente. Cuando pones tu teléfono en internet te llama mucha gente que solo ve tus fotos, el teléfono y te dicen: Ahora pido que me contacten por escrito y eso es muy diferente: Sí, el primer contacto es por correo pero luego te pediré hablar antes de la cita.

Quiero escuchar tu voz y asegurarme de que lo tenemos todo claro. Y cuando me he equivocado, ya tenía dudas de antes. Doy pie a que compartan lo que para ellos sea importante. Si alguien quiere algo especial me lo dice y veré si me apetece o no. Para mí es importante fijar el día y la hora, que tengan claro que va a ser todo con preservativo y que tengan claras las tarifas.

Los precios suben si se incluye en la cita salir a comer o acompañamiento a cualquier evento. Una noche entera son 1. Lo he pensado, pero ahora mismo no me interesa mucho. A mí me gusta tener mi espacio y mi tiempo, no quiero hacer servicios que me condicionen tanto.

Pero sí que es importante para mí tener al menos un día libre, que suelen ser los lunes. Y no trabajo los días de regla. Cambia, depende mucho de mi predisposición. Me parece irrelevante hablar de cifras, e incluso invasivo. Por edad suelen ser de veintimuchos para arriba. Porque después de dos años me he dado cuenta de que es necesario educar a los clientes. Desde el anonimato es normal que digan barbaridades. Es normal que haya gente que piense "ninguna mujer quiere eso".

El problema es que mis clientes no son así, pero no escriben en foros. O escriben en foros de esa manera porque eso es lo que creen que tienen que hacer. Hace falta una regulación específica que se adapte a las demandas de cada tipo de prostitución. Sí, de hecho me escriben muchas personas diciendo: De entrada digo que se hagan muchas preguntas: A partir de ahí, haz una estrategia para conseguirlo.

Por muchos filtros que hagas, es un trabajo que sigue siendo una situación de riesgo. Todas las putas tenemos códigos de seguridad. Nunca me ha pasado nada. Sí, quiero una regulación que acepte que nosotras existimos y que acepte las demandas de cada uno de los tipos de prostitución. Hace falta una regulación que reconozca las particularidades de la profesión, y eso ahora no existe. Hay estudios que dicen que si en un país se regulariza la prostitución, eso atrae a las mafias de la trata.

Sí, he leído sobre eso. Pero vamos a ser lógicos: Si monto una tienda de ropa, eso tiene que estar regulado, no puedo tener a gente contra su voluntad. Siento que es un trabajo al que puedo dedicarme siempre que quiera. No me lo planteo en ese sentido, cuando no quiera hacerlo no lo haré. Estoy trabajando también en otros proyectos: Quiero hacer contenido propio y rentabilizarlo por mi cuenta. También quiero seguir escribiendo en medios de comunicación, creo que eso puede ser una herramienta muy poderosa para concienciar.

En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación.

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Sí, quiero una regulación que acepte que nosotras existimos y que acepte las demandas de cada uno de los tipos de prostitución. Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecer un mejor servicio. Paquita maldice a la policía entre dientes. Por muchos filtros que hagas, es un trabajo que sigue siendo una situación de riesgo. barrio chino barcelona prostitutas instagram de prostitutas

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